Maternidad

Malditos virus

Desde que soy mamá estoy conociendo nuevos miedos y preocupaciones. Ni siquiera sé cuáles son, aparecen conforme vamos viviendo nuevas situaciones. Esta semana he conocido una nueva. Los virus y la fiebre…

El lunes me llamaron de casa, Martín tenía décimas de fiebre. En principio no me preocupé más que en otras ocasiones. Ya había tenido fiebre antes, con un poco de paracetamol le bajaría. Le llevaron al pediatra. La exploración estaba bien, era algo vírico. Había que seguir con paracetamol y volver en 48 horas si persistía.

Cuando llegué de trabajar estaba dormido. Al despertar comprobé que no era como en otras ocasiones, estaba muy caliente y su respiración era muy fuerte y entrecortada. Le puse el termómetro, 39.7. Nunca había tenido fiebre tan alta así que llamé a un servicio de urgencias y me dijeron que tenía que llevarle al hospital. Con la respiración así era aconsejable que le viera un pediatra.

Llegamos al hospital, por suerte tuvimos que esperar poco tiempo. Martín estaba sobre mi pecho, medio dormido, medio despierto. Con lo activo que es, ese es el mejor indicativo para saber cuando está bien y cuando no. Entramos, el pediatra le reconoció y nos dijo que era vírico, que estuviéramos tranquilos. Teníamos que seguir con paracetamol e ibuprofeno.

Martín ha pasado cuatro días con fiebre. Cuatro días en los que parecía que no había niño. No quería comer, no quería jugar. Sólo quería estar en brazos, dormido. Con las ganas que tenemos a veces de que esté tranquilo, estábamos deseando que volviera a corretear por casa. Y es que tanto su padre como yo nos habríamos cambiado por él porque ¡qué mal lo pasamos cuando están malitos!

¡Feliz Semana Santa!

Anuncios
Programaciones

La apertura

“Porque esto ha empezado a cambiar,
la fuerza está de nuestro lado.
Por qué no abrimos el champán,
brindemos por los nuevos tiempos”

Nuevos Tiempos – La Habitación Roja

El 7 de marzo de 2015 salíamos del hospital llorando. Llevábamos a nuestras espaldas varias pruebas fallidas y pocos momentos para llorar. Necesitábamos encerrarnos en casa y no ver a nadie.

El 7 de marzo de 2016 hemos salido del hospital llorando. Hemos visto cómo Martín ha roto la barrera del sonido. El tambor ha sonado y su respuesta ha sido espectacular. Rápida y segura. Necesitamos compartirlo  y gritar a todo el mundo que nuestro hijo, por fin, percibe el sonido.

Tras la intervención de Martín reservamos dos citas con logopedia del hospital. En la primera iríamos a elegir qué IC llevaría y en la segunda tendría lugar la apertura, es decir, la primera programación.

A la cita de la elección del IC había que ir con las ideas muy claras. Son muchas las decisiones que se deben tomar en poco tiempo y el peso de cada una de ellas recaerá en la persona que más quieres, así que la investigación previa es vital. En nuestro caso, tuvimos que elegir entre dos modelos de procesadores de la casa Advanced Bionics (AB), Naida y Neptune. Esa primera decisión la teníamos clara. Neptune es un procesador acuático pero, por lo que habíamos hablado con otros padres y los accesorios que ofrece la casa AB, elegimos Naida. Más adelante podríamos comprar el Aquacase y el procesador sería sumergible. Tras acordar el resto de preferencias se emitió el pedido para que el día 7 de marzo todo estuviera listo.

Tres semanas después llegó la segunda cita. Entramos en la sala de programación, nerviosos e ilusionados. Había tres logopedas esperándonos, entre ellos el logopeda con el que trabaja Martín todas las semanas, Santi. Sobre la mesa había una caja grande de AB con las iniciales de Martín escritas. Era su pack de bienvenida.  Dentro estaba todo el material que habíamos elegido:

  • Procesador y antena de Naida CI con una carcasa de recambio.
  • Dos baterías recargables Power Cell de 170 mA, son las compatibles con el sistema FM. También hay baterías de Zinc-aire que van con pilas.
  • Cargador de baterías Power Cell.
  • Tres cables de 24 cm de longitud. En los primeros meses, Martín llevará el procesador enganchado con un clip.
  • Clip para sujetar el procesador en la ropa.
  • Caja y pastillas desecantes para guardar el IC cada noche.
  • Funda para transportar el IC.
  • Peluche de un mono implantado de AB al que nosotros hemos bautizado como el Mono Bowie.
FullSizeRender (1)
Pack de Bienvenida

Nos sentamos y sacamos algunos juguetes para que Martín estuviera entretenido. Helena, la profesional encargada de la programación nos habló de los cuidados básicos del IC y de cómo debíamos proceder para poner la batería, ajustar los programas, interpretar las luces, etc. Con un montón de conceptos y procedimientos nuevos en nuestras cabezas, comenzaron las pruebas. Primero probaron la conexión entre la parte externa y la parte interna, luego pasaron a los electrodos y, cuando se comprobó que todo funcionaba correctamente, empezó lo mejor. Se abrieron las puertas del sonido.

Tras unos segundos con el IC abierto, mientras Martín jugaba, Santi tocó el tambor. Martín levantó la mirada rápidamente. Ese momento, tan habitual para muchas familias, fue, para nosotros,  la culminación. No tengo palabras.

Los logopedas nos habían preparado para este día. Éramos conscientes de que la reacción de Martín, en caso de que la hubiera, sería ante el sonido del tambor o el de las palmas. En la primera programación los niveles son muy bajos y se focaliza principalmente en graves. Su reacción fue la que esperábamos.

Nos fuimos a casa con cinco programas cargados en el procesador. Cada domingo tendríamos que subir uno y, cuando llegáramos al último, volver al hospital para reprogramar. Los cambios de programas en casa son subidas de intensidad, vamos, para entendernos todos, subidas de volumen.

Llegar hasta aquí ha sido el resultado de muchos meses de trabajo. Santi, Elena y Yolanda, estimulan, entrenan y preparan a Martín para el mundo sonoro durante cuatro sesiones de logopedia semanales. Gracias a ellos no ha perdido el balbuceo y su reacción al sonido es  cada día más clara.

Pero esto no acaba aquí. El otro día leía un post de Laura de Pum Pum Pep que hablaba de que la percepción general es que con los IC ya está todo. Es normal que todo el mundo lo piense. Yo, sin ir más lejos, hace un año no sabía ni lo que era un implante coclear. Pero la realidad no es así. Ha terminado una fase pero ahora comienza otra. Martín seguirá con logopedia y el trabajo en casa es fundamental. Cada vez hay más cosas que signar y las dinámicas para conseguir que asocie sus necesidades a signos deben ser constantes y siempre dentro del juego.

Y, aunque todo lo que podamos hacer es poco, hay días en los que llegas a casa y piensas que no puedes más. Pero al día siguiente siempre sale el sol. Ver las reacciones de Martín y su evolución  nos da impulso para continuar en nuestro camino al sonido.

¡Feliz fin de semana!

 

 

Maternidad

Y llegó la luna llena

“Yo vivía como Robinson Crusoe hasta que un día vi pisadas en la arena.”

El apartamento -Billy Wilder

Hay momentos que se graban en nuestras vidas. Recuerdo como si fuera ayer el día que fui a comprar la prueba de embarazo, coincidió con el día en el que se celebraba la subida a segunda del equipo de fútbol de mi localidad. Recuerdo las primeras náuseas viendo la proclamación de Felipe VI. Recuerdo los minutos previos a cada ecografía, los nervios por saber si estaría bien y la inquietud por saber cómo sería, a quién se parecería.

Tuve un embarazo muy bueno. Quise trabajar hasta el final pero mis problemas de espalda y unos cuantas bajadas de tensión hicieron que el médico me diera la baja al cumplir los ocho meses. Los que me conocen saben que no sirvo para estar en casa, me agobio. Pero, aunque me agobié y me aburrí, me vino bien. Pude descansar y reconozco que lo necesitaba.

Martín empezó a hacerse notar cumplidas las 40 semanas. Era martes y llevaba 3 días fuera de cuentas. Volvía de dar un paseo y, al llegar a casa, tuve mi primera contracción. En ese momento entendí la famosa frase, no te preocupes, te enterarás. ¡Coño si me enteré!

Empezaron con una frecuencia de 20 minutos. Cuando bajaron a 9 fuimos al hospital. Yo no quería quedarme sin epidural y estaba convencida de que esa noche nacería Martín, pero no. Llegamos, me pusieron monitores y me mandaron para casa. A la mañana siguiente seguía con contracciones. Volvimos al hospital y me volvieron a mandar a casa. No vuelvas hasta que no tengas contracciones cada cinco minutos durante una hora, me dijo el médico, y eso intenté hacer.

Pasé una tarde mala, tenía contracciones irregulares que cada vez dolían más. De cada cuatro sólo una era cada 5 minutos. El resto no bajaban de los 8 ó 12  minutos. Después de las palabras tajantes del médico no queríamos ir hasta cumplir, al menos, media hora. A las cuatro de la mañana ya no podía más. Las contracciones eran irregulares pero dolían mucho así que nos fuimos, otra vez, al hospital. Si me volvían a decir que no estaba de parto por lo menos que me dieran algo para el dolor.

Llegamos al hospital. Había tenido una contracción en el coche y tenía miedo de que viniera otra mientras bajaba. Bajé como pude, me acerqué al mostrador y llegó otra contracción. Una matrona se acercó y me acompañó a una camilla. Me examinó y salió a avisar a mi chico. Martín ya estaba aquí. Estaba dilatada de 8 cm, adiós epidural. Yo, defensora a ultranza de la epidural, me enfrentaba a un parto natural, algo que nunca entró en mis planes. Pero en ese momento me daba igual. Lo único que quería era empujar y tener a Martín conmigo. Entramos en la sala de partos y, en menos de dos horas, le tenía sobre mi pecho. Fue el momento de mi vida.

Martín nació el jueves 5 de Marzo de 2015 a las 8:00 de la mañana. Después de una noche de luna llena. En el trabajo siempre hacíamos porras sobre la fecha del parto y una compañera me dijo que me guiara por la luna llena. Acertó.

Han pasado doce meses. Meses que, aunque han estado acompañados de un componente que nunca imaginamos, han sido maravillosos. Meses preciosos por tener a nuestro lado a Martín. Meses increíbles por verle crecer siendo un niño feliz. Meses que nos han enriquecido como personas. Meses en los que hemos conocido una realidad social llena de grandes profesionales y personas maravillosas. Meses que forman parte de una historia que acabamos de empezar a escribir…

¡Feliz cumpleaños Martín!