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La Operación

“Rompiendo las barreras del sonido voy…
Rompiendo las barreras del sonido estoy…”

Iván Ferreiro – Piensa en frío

Ya estamos en casa. Cuarenta y ocho horas después de la operación estamos en el comedor de casa jugando como siempre. Lo único que nos recuerda que hace dos días estábamos en el hospital es la cinta que lleva Martín para proteger la herida. Ha sido todo muy rápido, más de lo que imaginábamos y la recuperación nos está dejando locos. Es un auténtico Jedi.

Los últimos días han estado cargados de emociones, pensaba resumirlo todo en una única entrada pero era demasiado. Quiero agradecer a todo el personal del Hospital Niño Jesús el trabajo que desempeñan. También a los padres de otros niños implantados por el apoyo y seguimiento que han tenido con nosotros. Su experiencia es nuestra mejor terapia. Toda nuestra familia y amigos saben lo agradecidos que estamos por su paciencia y apoyo infinito.

El ingreso

Martín ingresaba  a las cinco de la tarde así que el día se desarrollaría con la rutina de siempre. Al salir de trabajar, iríamos al logopeda y luego, después de merendar, haríamos el ingreso. Los días previos intentamos mantener la mente ocupada en el trabajo pero ese día ya no teníamos escape y los nervios empezaban a florecer.

Nos dirigimos a la zona de admisiones, firmamos las autorizaciones pertinentes y esperamos a que bajaran a buscarnos. De repente apareció un payaso, Don Piruleto. Empezó a cantar y a hacer juegos con las manos a Martín. Nos indicó que nos acompañaría hasta la habitación y, mientras subíamos, nos explicó las normas del hospital así como los servicios disponibles para niños (teatro, colegio, aulas de recreo, etc). Cuando nos dimos cuenta ya estábamos en el control de enfermeras.

Don Piruleto pertenece a la Asociación El Circo de Piruleto, una asociación sin ánimo de lucro que ayuda a que las familias y, sobre todo los niños, pasen el periodo de hospitalización de la mejor forma posible. Siento una profunda admiración por los profesionales que hacen eso posible.

Una vez instalados, una enfermera vino a rasurar la zona de la cabeza en la que harían la intervención. Me sorprendí de lo poco que cortaron. Pensaba que tendría que hacerle un corte estilo mohicano tras la operación. Le pusimos el pijama del hospital y fuimos a dar un paseo.

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Martín en la cuna de su habitación

Recorrimos los pasillos, vimos la función de un mago en el teatro y volvimos a la habitación para dar la cena a Martín. Era la última comida antes de la operación, tenía que comérselo todo. Mi marido estuvo con nosotros hasta que el horario de visitas finalizó. Martín se quedó dormido pronto y yo, como pude, intenté dormir. El día siguiente iba a ser duro así que había que tener las pilas cargadas.

La operación

Martín estuvo dormido hasta las nueve de la mañana. Era el cuarto en entrar en quirófano, así que todo lo que pudiera aguantar dormido, en ayunas, era bienvenido. Mi marido llegó temprano y aproveché para bajar a desayunar. Después de la experiencia del nacimiento de Martín preferimos no tener visitas, sólo los abuelos. Pasamos un par de horas en la habitación mientras Martín jugaba con los juguetes que le habíamos llevado. A las 11.30 la enfermera vino a dar un jarabe a Martín. Nos avisó de que en una media hora vendrían a por él. Llegaba el momento.

Pasados los treinta minutos volvió la enfermera para ir al quirófano. Nos dejó llevarle en brazos hasta la sala en la que estaría acompañado por uno de nosotros. Salimos de la habitación despidiéndonos de las enfermeras del turno de mañana. Al salir de la zona de las habitaciones estaban los abuelos, cuando les ví me emocioné. Menos mal que no había nadie más.

Llegamos a la puerta de los quirófanos, a partir de ahí sólo entraría uno. Decidimos que fuera yo así que, en una sala llena de dibujos, esperé a que vinieran a buscarle. Una enfermera, encantadora, se acercó a nosotros y me contó los siguientes pasos. En unos minutos se llevaría a Martín para prepararle. Después, cuando la operación empezara, saldría a informarnos. A partir de ahí deberíamos esperar tres horas hasta que el médico saliera a hablar con nosotros. Me dejó unos minutos más con él y, con juegos, se lo llevó sin darse cuenta. Salí fuera y abracé a mi marido.

Hablamos con los abuelos y bajamos a comer algo. Si había algún contratiempo ellos estarían allí. Comimos rápidamente y subimos a la sala de espera. Con todos los mensajes de ese día me quedé sin batería, así que fui a buscar un enchufe y devolver alguna llamada. Habían pasado dos horas y, de repente, escuché a mi marido llamarme. Giré y le ví corriendo detrás del médico. El corazón se me encogió, era muy pronto. Seguí a mi marido, no podía ver su cara, fueron diez segundos eternos. De repente el médico se giró y nos miró. Estaba relajado, incluso podría decir contento. La operación había salido muy bien. Martín ya estaba implantado.

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2 comentarios sobre “La Operación

  1. Los días previos a la operación quieres que pasen deprisa …, nervios, incertidumbre , preocupación , sentimientos muy diferentes hasta q por fin llega el día en el que quieres que las horas vuelen , Toda la familia somos María y Abraham ; La operación termina , todo ha ido perfecto emoción y una gran alegría .
    Yo , Especialmente me siento muy sensibilizada y quizás por eso sé , que ahora está por venir todo lo mejor.

    Le gusta a 1 persona

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